Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Guerras Púnicas - Los Elefantes de Aníbal


Los ejércitos occidentales nunca se habían encontrado con un elefante de guerra hasta que Alejandro Magno y sus macedonios enfrentaron a Darío III de Persia en las llanuras de Gaugamela (331 aC.). Allí formaban (si creemos a Arriano) 15 elefantes. Pero eso no fue nada comparado con los que les esperaban en la India, al otro lado del río Hidaspes, cuando el macedonio se encontró con las tropas del rey Poros (326 aC). Entre 80 y 100 paquidermos (según unos u otros autores) ocupaban el centro de la línea hindú. 

La falange macedónica y sus tropas auxiliares tenían medios sobrados para contrarrestar el ataque de los elefantes, pero conocedor del terror que el olor de estos animales producía en los caballos, así como del espanto que su visión inspiraba en los soldados que los enfrentaban por primera vez, Alejandro decidió incorporar varios a su ejército. Y tras su muerte, sus sucesores (los "diádocos") los llevaron a Siria, Egipto, Macedonia...


Los cartagineses no tenían acceso a los elefantes hindúes, por lo que los cazaban en tierras de Marruecos y Argelia, si bien hay que decir que se trataba de un tipo de animal hoy extinguido: el "elefante selvático". Éste era más pequeño que el hindú, pero mucho más manejable que el "elefante de la sabana" (el actual de las llanuras centrales africanas).

En 255, durante la Primera Guerra Púnica (antes del nacimiento de Aníbal), los elefantes cartagineses aplastaron a las legiones romanas de Régulo en la batalla de Bagradas, en África. Después de eso, los romanos aprendieron tácticas para burlar a los elefantes e incluso entrenaban a los caballos para que no se espantaran ante ellos.

Aníbal dirigiendo su ejército a lomos de un elefante.

Cuando en 218 Aníbal (durante la segunda Guerra Púnica) salió de España para cruzar los Alpes y atacar Italia desde el norte, llevó 34 elefantes. Un año después, salvo uno, habían muerto todos por el riguroso invierno que siguió. Sólo participaron en la batalla de Trebia y no tuvieron un papel relevante.

Un gran defecto que tenían los elefantes era que una vez heridos, tendían a revolverse contra sus propias filas y en su afán por huir de la batalla podían causar verdaderas matanzas. Para evitar esto, sus cuidadores (los "mahouts"), generalmente númidas, llevaban un escoplo y un martillo para desnucarlos en caso de peligro.


Aníbal obtuvo numerosas victorias frente a los romanos, debido en primer lugar a su genio como estratega, después a sus tropas mercenarias (íberas y celtas principalmente), y por último, a sus lanceros libios; nunca a los elefantes. Y es que los romanos ya les habían "tomado la medida" a los paquidermos.

Lo dicho se demostró cuando las circunstancias obligaron a Aníbal a regresar a África llamado por el Senado cartaginés. Allí se enfrentó ni más ni menos que a Escipión el Africano.

En la llanura de Zama, Aníbal tenía a su disposición 80 elefantes. ¿Y qué hizo Escipión frente a ellos? Fácil, abrió sus manípulos dejando "pasillos" por los cuales arremetieron los animales (que no eran tontos y preferían embestir a través de huecos vacíos que a través de formaciones de gente con lanzas). Una vez en la retaguardia romana, fueron exterminados por la infantería ligera.


Entre eso, y que los aliados númidas se pasaron a los romanos a mitad de la batalla, la suerte estaba echada. La Segunda Guerra Púnica acabó, como la primera, con una gran victoria romana. Aníbal tuvo que huir a Siria para evitar poner a sus compatriotas en el brete de entregarle a los romanos.

Sobre la figura de Aníbal no se ha producido ninguna película especialmente memorable. Se puede mencionar la propia "Aníbal" (Carlo Ludovico Bragaglia y Edgar G. Umer, 1959) y en clave musical (¡un Aníbal que canta!) "La Amada de Júpiter" (George Sidney, 1954), con una esplendorosa Esther Williams, hay que decirlo.

Para leer, "Aníbal, el Orgullo de Cartago", de Gisbert Haefs, es una entretenida novela con alguna que otra parrafada de erudición, que no viene mal.


Figuras de "Essex Miniatures". 15mm.