Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Los últimos de Filipinas - Sitio de Baler, 1898


En 1898, tras triunfar la insurrección en Cuba y Filipinas con el apoyo de Estados Unidos (enemigos siempre de cualquier colonialismo que no fuese el suyo propio), España perdía sus últimas posesiones asiáticas y americanas y se retiraba de aquellos territorios. Significaba el ocaso total del Imperio donde en una pasada época "no se había puesto el sol". 

En 1898, Estados Unidos era un país joven, en pleno crecimiento económico y demográfico, que tras su Guerra de Secesión, había completado su expansión hacia el Oeste, había exterminado o recluido en reservas a las tribus indias norteamericanas, y recibía sin cesar nueva población inmigrante de toda Europa.

Por el contrario, España era en esos momentos un país en plena crisis económica y social, desangrado demográficamente por el siglo anterior: invasión napoleónica, guerras carlistas, emigración, rebeliones en las colonias americanas y asiáticas,  guerras en Marruecos... Además, el esfuerzo por mantener en pie durante cuatrocientos años el Imperio, en luchas constantes con todas las potencias europeas, comenzaba a pasar seriamente la factura. 

El teniente Saturnino Martín Cerezo.

El resultado de un enfrentamiento entre ambas naciones estaba escrito aún antes de comenzar. Y comenzó. Fue la Guerra Hispano Americana o Guerra Hispano Estadounidense. Veamos los precedentes.

La expansión territorial estadounidense fue una constante desde el nacimiento de la nación. Unas veces, la expansión se consiguió comprando territorios a potencias extranjeras: La Luisiana, a Francia; La Florida, a España; Alaska, a Rusia.... Otras, enviando colonos estadounidenses a territorios extranjeros para más tarde exigir la "independencia" de tales tierras, como ocurrió con Texas que pertenecía a México desde su independencia de España, en 1821. Y en otras,  directamente por invasión militar: Nuevo Méjico, California...

La doctrina "Monroe" (1823) sentenciaba: "América para los americanos"; pero en tal doctrina se podría leer entre líneas: "el continente americano para los estadounidenses". Y por lo que se pudo ver más tarde, cabría añadir: "Asia y Oceanía, también".


Estados Unidos no tardó en ampliar sus expectativas de expansión poniendo los ojos en las posesiones que aún mantenía España en América: Cuba y Puerto Rico. Por otro lado, en Asia, las islas Filipinas ofrecían un buen momento para intentar la anexión, tras los alzamientos independentistas que habían aparecido. Los últimos en 1896.

Ya desde mediados del siglo XIX habían existido ofertas de compra de Cuba por parte de Estados Unidos; pero España no estuvo nunca dispuesta a la transacción. Los americanos, decididos a obtener la isla (y ya puestos, lo que fuese), comenzaron a apoyar militar y económicamente a quienes en las diferentes colonias españolas clamaban por la independencia.

Una disgresión que no puedo evitar: en esto de "las independencias" (tema tan actual en septiembre de 2017), está claro que convienen en gran manera a las élites sociales, a las clases dirigentes; me explico: el presidente de una colonia (o autonomía), pasará a ser presidente de un País; el subsecretario, será secretario y el viceministro, ministro. Al mismo tiempo, el control que sobre sus operaciones económicas hubiese ejercido el "poder central", desaparecerá y tendrán las manos libres para operar como les venga en gana. Todo son ventajas para las élites. Pero lo que no explican estas clases dirigentes es que el "pueblo de a pie" no obtendrá ventaja alguna. El electricista seguirá siendo electricista, el dependiente, dependiente y el administrativo, administrativo. En fin, dejemos el tema y volvamos a 1898.


El 25 de enero de tan triste año, el acorazado estadounidense "Maine" llegaba a La Habana (Cuba) sin anunciar su llegada (contra toda norma diplomática), con el pretexto de asegurar los intereses de sus compatriotas en la isla. Y la noche de ese mismo día, el tal acorazado voló misteriosamente por los aires. Inmediatamente, los Estados Unidos declararon la Guerra a España acusándola del atentado. Estudios posteriores demostraron que la voladura había tenido un origen interno, no externo. Pero eso era lo de menos, al parecer. Los estadounidenses tenían su "casus belli".

Hay quien habla de que la voladura en cuestión pudo haber sido provocada por los mismos norteamericanos; está muy claro que España no ganaba nada con la cuestión; mientras "ellos" sí. Pero en fin, no seamos mal pensados... ;)


Centrémonos en Filipinas y en Baler (pequeño pueblo a algo más de 200 kilómetros de Manila), donde combatieron los protagonistas del presente post. Pocos días después del asunto "Maine", los independentistas del archipiélago se rebelaron de nuevo y empezaron a atacar propiedades españolas. La metrópoli mandó refuerzos. Concretamente a Baler (donde hasta entonces la representación española se limitaba a un cabo y cuatro "números" de la Guardia Civil), llegaron 50 cazadores al mando del teniente Mota. Este primer destacamento fue diezmado por un ataque nocturno, tras el cual, el teniente Mota se voló la cabeza de un tiro.

Enterado del suceso el alto mando, se solicitaron nuevos refuerzos a la Península y fue enviado el Segundo Batallón Expedicionario de Cazadores, para relevar al destacamento anterior. Al mando (entre otros oficiales), el capitán Enrique de las Morenas y el teniente Saturnino Martín Cerezo. La tropa portaba el moderno (entonces) fusil Máuser.


Baler había sido un poblado con un pequeño numero de nativos, pero ahora, para expulsar a los españoles llegaron gran cantidad de rebeldes que se apoderaron de los pueblos próximos y cortaron las comunicaciones de los cazadores con el exterior. El Capitán de las Morenas decidió hacer acopio de provisiones y atrincherarse en la iglesia y sus fuertes muros aledaños en espera de refuerzos. En ese momento, formaban la guarnición 54 militares y un franciscano (el padre Carreño). Posteriormente, se les unirían otros dos religiosos.

El 1 de julio se disparó el primer tiro de un asedio que iba a durar 337 días. El disparo lo hizo un filipino contra la patrulla que en las inmediaciones del templo realizaba el teniente Cerezo con un grupo de hombres, tras lo que se replegaron al interior. Se construyeron trincheras y parapetos en torno a la iglesia, se tapiaron las ventanas y la noche del mismo día sufrieron un serio ataque por parte de un gran contingente filipino al mando de Teodorico Luna Novicio. El ataque fue rechazado.


El ocho de julio se intercambiaron mensajes y regalos entre los mandos, mientras los filipinos intentaban que los españoles abandonasen sus posiciones. Poco después, dos soldados españoles abandonaban la iglesia para quemar varias construcciones próximas que servían de parapeto a los sitiadores. Lo hicieron y regresaron sin sufrir daño, ante el despecho de los filipinos que desde ese momento abandonaron "las buenas maneras" y no dejaron de tirotear a los españoles.

Entretanto, el 1 de mayo, en la batalla naval de Cavite (Bahía de Manila) la escuadra española había sido totalmente derrotada por la estadounidense. Los navíos norteamericanos estaban dotados de maquinaria más moderna y sus cañones tenían un alcance muy superior. Las tropas hispanas empezaron a ser retiradas de Filipinas. Cuando la noticia llegó a los oficiales españoles en Baler, no la creyeron, pensando que sería un ardid de los isleños para lograr su rendición.

El 3 de julio, en el otro lado del mundo, en la batalla de Santiago de Cuba, otra armada española era igualmente derrotada por la norteamericana. Y el 12 de agosto la Guerra Hispanoamericana había terminado "de facto".


En Baler, el 18 de julio, tres columnas filipinas atacaron el fuerte después de enviar un mensaje de intimidación. Ni el ataque ni el mensaje tuvieron éxito, y al segundo contestó el mando español diciendo que si entraban los filipinos en la iglesia sería "cuando no quedase ningún español vivo para defenderla".

Después de tres meses de sitio, tiroteos continuos, asaltos y cañonazos, surgieron nuevas amenazas: el beri-beri y la disentería. Estos nuevos enemigos causaron a los españoles más bajas que las balas de los tagalos. Y se llevaron, además, al capitán de las Morenas. Tomaba el mando el teniente Cerezo. Esto ocurría el 22 de noviembre.

De vez en cuando, llegaba hasta los españoles algún parlamentario con el mensaje que tantas veces habían oído y tantas veces descreído: que España había abandonado definitivamente las Filipinas. Ni caso hacían, claro. Y tras los parlamentarios, hablaban de nuevo las balas.


Poco antes de las Navidades, los filipinos ensayaron un tipo muy peculiar de "guerra psicológica": pusieron a la vista de los cazadores varias muchachas desnudas, que les provocaban con gestos e invitaciones sexuales con la clara intención de romper su moral e invitarles a la deserción. Ante tan "simpática" provocación, algunos españoles se retiraron a rezar, la mayoría sin embargo, rompieron a cantar, a reír y a tocar palmas.

El 10 de diciembre de 1898, por el Tratado de París se daba fin oficialmente a la Guerra Hispano-estadounidense y España entregaba a los Estados Unidos sus últimas posesiones americanas: Cuba y Puerto Rico; asiáticas: Filipinas; y oceánicas: Guam. Por las mismas fechas, los norteamericanos se apoderaban también de Hawaii. Naturalmente, nuestros protagonistas no creyeron una palabra de estos hechos cuando fueron informados.


Y así, entre tiros, salidas esporádicas para conseguir frutas frescas (que ayudaron a detener las enfermedades) y privaciones de todo tipo, llegó el 11 de abril de 1899. En esa fecha el teniente Cerezo escuchó cañonazos de artillería naval y pensó que por fin llegaban los ansiados refuerzos. Pero no era así. Era el cañonero norteamericano "Yorktown", que tenía la misión de convencer a los sitiados de la derrota española en Filipinas y evacuarlos. Una barcaza con un puñado de marinos yanquis desembarcó en la playa y... fueron aniquilados por tiradores filipinos que no debían saber de qué iba la cosa (desde febrero de 1899, los filipinos intentaban arrojar a los norteamericanos de sus islas). El Yorktown abandonó aquellas costas rápidamente.
  
Cuando las luces del barco se perdieron en la lejanía (cuenta el teniente Cerezo) la desesperación cundió entre los soldados. Pero ninguno cejó en la intención de continuar resistiendo.

A finales de mayo de 1899, después de uno de los mayores ataques filipinos, un nuevo parlamentario llegó ante la iglesia. Pero en esta ocasión, se trataba de un alto mando español, el teniente coronel Cristóbal Aguilar y Castañeda. Como si hubiese ido el ministro de la Guerra: Cerezo no le conocía y en consecuencia le consideró un falsario y le mandó a paseo. Aguilar, al retirarse, dejó un montón de periódicos para que constatasen la veracidad de los sucesos. Cerezo creyó los periódicos un montaje de los tagalos.


Llegó el mes de junio de 1899, y viendo que los alimentos se agotaban y que las fuerzas filipinas aumentaban, el teniente Cerezo ideó un plan para evacuar en la noche la posición. Pocos días antes de la fecha elegida para la operación, casualmente, Cerezo echó un nuevo vistazo a los periódicos traídos por Aguilar; y esta vez, una pequeña nota llamó su atención: se trataba de la noticia del traslado de un oficial español a Málaga. Aquella nota no podía ser inventada; Cerezo había sido amigo íntimo del oficial en cuestión y sabía que su intención era solicitar tal traslado.

 Y de pronto, se percató de que llevaba muchos meses defendiendo unas tierras que ya no eran españolas. Todo lo que le habían dicho era verdad. Reunió a los supervivientes, les expuso la situación y se decidió entregar la plaza a los filipinos siempre y cuando no fueran considerados como prisioneros y se les garantizase la vuelta a España.

Así, 337 días después del inicio del asedio, el 2 de junio de 1899 "los últimos de Filipinas", invictos, abandonaban Baler, recibiendo honores militares por parte de las tropas tagalas.


El 30 de junio, el flamante nuevo presidente de la (ahora) República Filipina, emitía un comunicado en que se decía entre otras cosas, que los resistentes de Baler "no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos. Y en consecuencia, serán proveídos por la Capitanía General de los pases necesarios para que puedan regresar a su país".

Los supervivientes: 33 cazadores y dos sacerdotes; habiéndose debido la mayoría de bajas sufridas, al beri-beri y otras enfermedades, antes que a los ataques de los filipinos, que habían perdido cerca de siete centenares de hombres por los balazos de los Máuser españoles. Hubo ocho desertores, dos de los cuales fueron sorprendidos en el intento y posteriormente fusilados. 

Al llegar a España, el teniente Cerezo, que ya se veía sometido a un consejo de guerra, se encontró con un gran recibimiento y con la Cruz Laureada de San Fernando, mientras que sus hombres recibían la Cruz de Plata del Mérito Militar con Distintivo Rojo.


Los hechos de "los últimos de Filipinas" han quedado en la Historia como ejemplo de valentía y superación moral de una pequeña tropa asediada frente a un enemigo muy superior en número. Y la memoria de Baler existirá mientras exista un español con vergüenza torera.

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La pérdida del Imperio en 1898, supuso en España una conmoción nacional, un sentimiento de angustia y de inferioridad frente al resto de naciones que desembocaría por un lado, en la aparición de un grupo de escritores (la generación del 98) que cuestionaría la verdadera identidad de España y su papel en lo Universal; por otro, en enfrentamientos internos, sociales, políticos y religiosos que desembocarían no tardando mucho en nuestra Guerra Civil. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX que España pareció encontrar de nuevo su camino; no obstante, últimos acontecimientos indican que de nuevo se ha perdido. 


 - Películas sobre "Los Últimos de Filipinas" -
Los últimos de Filipinas (Antonio Román, 1945): Película española filmada en pleno franquismo, que lejos de alentar sentimientos "fascistas", carga las tintas en los valores hispanos "de toa la vida": arrojo, alegría, improvisación, entrega, estoicismo, amor al terruño, sentido del honor... claro, que si alguien ve en estos sentimientos, trazas de "fascismo"... entonces sí: la película es "fascista". ;)

Contando en los papeles principales con Armando Calvo, José Nieto, Guillermo Marín y Manolo Morán, la película incluía apariciones de unos principiantes y magníficos Fernando Rey y Tony Leblanc. Esta cinta no tiene nada que envidiar a producciones de la misma época, cuando "el colonialismo estaba bien visto", como por ejemplo "Gunga Din" o "La Jungla en Armas".

Aquí debajo, un par de "capturas" de la película de Román, en las que me he basado para la reconstrucción del fragmento del "fuerte" tras el que se parapetan "mis" figuras. Más información sobre cómo lo he construido, aquí.


Baler (Mark Meily, 2008): Es ésta una producción filipina que no he conseguido ver íntegramente, pero que a la vista del trailer y varias críticas, parece ser una historia de amor entre un mestizo tagalo-español y una filipina, que sólo tiene de bélico el "fondo". 

1898: Los últimos de Filipinas (Salvador Calvo, 2016): Película perfectamente olvidable que confunde el honor con el fanatismo y la velocidad con el tocino (permítaseme la vulgaridad). Si los resistentes de Baler hubiesen sido la panda de maldicientes, descreídos, drogadictos y maniáticos que nos presenta el señor Calvo, se hubiesen entregado al tercer día del sitio y se hubiesen ido a casa (si les dejaban) o a buscar al "camello" más próximo. Digamos como paliativo, que la interpretación y la puesta en escena, son bastante presentables. 

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- Una nota sobre Cine Histórico -
Mientras que en países de nuestro entorno se siguen produciendo películas históricas que ensalzan sin complejos los hechos de sus antepasados, en España, tristemente, el género ha caído en un descrédito propiciado por unas clases políticas vergonzantes, y si en alguna película se roza algún hecho de la Historia de España, es de tal manera que se diría que los cineastas pretenden "pedir perdón por nuestra Historia". Todo ello, en aras de cierto "pacifismo" recalcitrante que demoniza cualquier sentimiento patriótico y cuya intención última se me antoja ser, dinamitar cualquier posible orgullo de "ser español". Salvo en cuestiones futboleras, claro... Dejémoslo aquí.



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Las figuras, de: "1898 Miniaturas", en 28mm. Metal.



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